LLUVIA EN EL RAVAL

Obra

LLUVIA EN EL RAVAL

Me gustaría aclarar que el título original de la obra alude a Barcelona. ¿Por qué modificar, entonces, la ciudad por el barrio en el que sucede la historia? Porque para mí, Barcelona tiene unas características propias que, no son necesariamente trasladables a cualquier otra gran urbe. Madrid y Barcelona, por caso, son muy distintas, palpitan de otro modo. En cambio el Raval, sí que tiene mucho que ver con Lavapies en Madrid, con San Telmo en Buenos Aires o con La Candelaria en Bogotá. En toda gran ciudad hay un Raval, hay un barrio semimarginal, bohemio y cosmopolita, donde conviven con la soledad, la progresía más chic, la aséptica postmodernidad y la miseria más inhumana. La pieza de Pau Miró enfila escenas en la vida de una prostituta joven, Lali, que quiere dejar la “profesión” porque ha descubierto que otra vida es posible.

Ella es el vértice de un triángulo que completan dos hombres: Carlos, un “pobre de mí” golfo y pasivo, con el que comparte su pisito de 30 metros, que le hace compañía y vive de su dinero y David, su cliente preferido, un librero poeta que le muestra un afecto y una consideración especial.

Ambos, con estrategias diferentes, la condenan a prostituirse. De un hiperrealismo trufado de simbolismo, “Lluvia en el Raval” nos muestra la vida vacía y desolada de unos personajes desvalidos, abandonados en el marasmo de la ciudad, que buscan compañía y pequeños afectos a costa de lo que sea.

Son seres normales, que pasarían desapercibidos, simplemente que al acercarnos, al ponerles una lente de aumento, al rascar en su corteza, aparece la singularidad y la complejidad del “cualquiera”. Ellos son habitantes de los rincones oscuros de las ciudades, son las lejanas telarañas del descuido, espectadores perplejos del progreso y el decoro social que, teniéndolo cerca no los alcanza, ni los roza siquiera. Entonces se refugian, se ocultan y se desnudan en ese pisito miserable y solo por la ventana entra la ciudad con sus ruidos, sus luces y sus sombras. La ventana está abierta, es verano y el calor y la humedad lo impregnan todo. Cabe preguntarse también, ya que la arquitectura es reconocible, porqué no darle un título itinerante que contenga la misma vocación con la que se piensa este proyecto. Y la respuesta es no, porque ahí, muy cerca, casi oliéndose, está el mar, un elemento simbólico de primer orden que no admite sustituto equivalente.

La historia sucede pues, en una ciudad turística y en verano, pero los protagonistas, no lo disfrutan, no están de vacaciones, no hay ambiente festivo. Hay sofoco, cuerpos pegoteados, malos olores y un deseo íntimo de libertad, un ansia de frescura, de aire nuevo, que no termina de llegar ni cuando la lluvia descarga rabiosa y estival hacia el final de la obra.

Autores

Representaciones

  • XV Muestra 14/11/2007 TEATRO ARNICHES
    Compañía: CELCIT PRODUCCIONES
    Duración: 80 minutos

    Director: MARIO VEDOYA

    Actores:

    MARTÍN VAAMONDE, FLORENCIA SARAVÍ MEDINA y MARIO VEDOYA

    Ficha Técnica:

    Espacio Escénico y Vestuario: Emilio Valenzuela
    Dramaturgia sonora: Albert Llanas, Mario Vedoya
    Realizador sonido: Albert Llanas
    Diseño de luces: Salvador Aleo, Agustín Valle
    Realización escenográfica: Nestor Segade
    Realización de vestuario: Daniela Romero Pasín
    Coproducción: Segundo Viento, CELCIT Producciones S.L.
    Producción General: CELCIT Producciones S.L.

    Con el apoyo del INAEM y de la Comunidad de Madrid.

    Resumen:

    Escenas de la vida de una prostituta joven que quiere dejar la “profesión”. Ella es el vértice del triángulo: “un pobre de mí” golfo y pasivo, con quien comparte piso y David, su cliente preferido. La vida vacía y desolada de unos personajes desvalidos y abandonados en el marasmo de un barrio semimarginal.