LA SUCURSAL

Obra

LA SUCURSAL

La sucursal aborda un asunto que está en la calle y a la vista de todo el mundo: la esclavitud disfrazada de mendicidad. No es una obra de tesis, es una metáfora de la explotación, que se expone con unas buenas dosis de humor negro y un cierto sarcasmo vil y canalla, para que el espectador reflexione entre compases melancólicos de música de acordeón. La obra es una propuesta crítica escrita desde la honestidad y despojada de falsas moralinas y peroratas oportunistas.

Tres personajes que desprenden sudor teatral, transpiran esencia dramática que reclama convertirse en carne escénica. Tres individuos-prototipos-que, de una manera corrosiva y virulenta, proponen un proyecto de tipificación de conductas. Y así, se elevan como metáfora de un mundo injusto donde la explotación del hombre por el hombre, es una constante cotidiana. Personajes que se desenvuelven en los márgenes de la vida, desheredados de la fortuna, olvidados de la historia. Tipos escapados de la pesadilla de la sociedad del bienestar.

Teatro de la desolación salpicado con unas buenas dosis de humor ácido. Un teatro que aspira a emparentar con el esperpento, a la vez que se impregna de unos churretones expresionistas. Compromiso estético para una propuesta ética, en la búsqueda de la verdad teatral.

Autores

Representaciones

  • XIV Muestra 11/11/2006 TEATRO ARNICHES
    Compañía: LA MACHINA TEATRO
    Duración: 70 minutos

    Director: FRANCISCO VALCARCE

    Actores:

    FERNANDO MADRAZO , LUIS OYARBÍDE y ALBERTO SEBASTIÁN

    Ficha Técnica:

    Jefe técnico: Víctor Lorenzo
    Construcción escenografía: Antonio Fuente, Julián Díaz, Talleres Gonzalo, Víctor Lorenzo
    Realización DVD: Santiago Salas
    Diseño gráfico: beusual.com
    Gestoría: Consejeros & Tributarios Dámaso López de Atalaya
    Distribución: Eva Cuartango
    Maquillaje: Marián Puente
    Vestuario: Paula Roca
    Iluminación: José Helguera, Víctor Lorenzo
    Música original: Yuyo Hornazábal
    Escenografía: José Helguera

    Resumen:

    Entre compases melancólicos de acordeón, tres tipos escapados de la pesadilla de la sociedad del bienestar. Olvidados de la historia, desheredados de la fortuna, marginales llenos de humor negro y un cierto sarcasmo vil y canalla.