![]() Obra JOHN & JITTS (EL SEÑOR DE LOS MONOS)Cuando Juan Alberto López y Yiyo Alonso, generadores, actores y productores del proyecto, me propusieron esta idea (que desde el inicio me pareció brillante) lo primero que me saltó a la imaginación fue la imagen que surge del subtítulo: Johnny Weissmuller (el señor de los monos) y la mona Chita. El nadador húngaro, nacionalizado norteamericano, resume en su vida y en su figura pública una cierta mitología mediática nacida con el siglo veinte. No se trata de un actor conocido por su talento como tal, ni tampoco se trata sólo del gran deportista que fue, sino de una personal real que encarnó un icono -el Tarzán fílmico- que casi le supera y le suplanta. Su trayectoria personal posterior se encarga de humanizar a una héroe mitificado doblemente, en lo deportivo y lo cinematográfico. Pero toda la historia -individual y socialmente considerado- de un hombre que logra una fama enorme, pero superficial, y acaba su vida arruinado, parcialmente olvidado y lanzado su grito a todas horas (sufrió un trastorno mental degenerativo en sus últimos años), reviste un interés dramático innegable.
Y que sin embargo no sería suficiente, en mi opinión, si no estuviera acompañado, como no, de la célebre mona Chita. Su historia, inevitablemente envuelta en la irrealidad irónica que brota su nombre, nos habla del chimpancé más longevo que se conoce (sesenta y ocho años tenía Jitts -su verdadero nombre- en el año dos mil). De un chimpancé cuidado -pues es macho, aunque apareciera siempre como hembra -por el sobrino del domador que lo entrenó. Y que al final de su vida se dedica a comer hamburguesas en McDonals, a pintar cuadros cuya venta financia su tren de vida, y a ver la televisión durante largas horas desde su silla preferida. ¿Cómo no sentirse tentado para escribir un espectáculo para semejantes personajes que además son reales? Pero lo que interesa no es sólo el hecho de que esta realidad -la de dos constructores de ficción- supere a la fantasía (incluso a la que ellos mismos construían). Me he propuesto que el texto hable, a través de esas dos voces, de la imaginación del hombre y de su realidad. Del mito y del cuerpo. ¿Quién es más loco, ese animal que sueña, que se inventa categorías y acaba aullando por los corredores, o ese otro que le mira comprensivamente, se rasca y duerme, simplemente? En cualquier caso, nunca pretenderá el texto sentar cátedra alguna, si no, como máximo, proporcionar a dos buenos actores la ocasión de jugar -con mucho humor-a ese viejo jugo del teatro, tomando como excusa, quizás al soñador y al mono que todos llevamos dentro. AutoresRepresentaciones
|