![]() Obra UN HOMBRE DE SUERTEIntento entrar en algunas zonas oscuras de la mente y sacarlas a la luz del escenario, para que se hagan presentes ante los ojos de los espectadores.
En este ámbito mágico se descubren dimensiones escondidas de la existencia: sueños, pesadillas, ilusiones, anhelos, recuerdos, esperanzas y temores... El enigma de la vida, que se escapa de los argumentos de la razón, muestra, a veces, en escena su grandeza. Salen los personajes y actúan, para sentirse vivos y para reconocerse. Lo mismo hace el ser humano desde que nace hasta que se muere: ensayar su papel toda su vida, para intentar saber quién es. Dentro de esta actuación, algunos incidentes aparentemente triviales marcan nuestro destino, y dedicamos el resto de nuestra vida a justificarlo ante el gran jurado del mundo. Sobre ello trato de reflexionar en esta obra, y mostrar cómo, si nos alejamos de nosotros mismos, podemos reírnos al vernos representar con tanto esfuerzo y seriedad nuestro absurdo y tonto papel. El sentido del humor es una de las pocas medicinas que tenemos para defendernos de este laberinto. Sale el actor y mira al público, interrogándose sobre dónde está el lugar de la auténtica representación. La vida del drama se convierte así en la comedia de la vida, y en el bálsamo para nuestros espíritus. Por último, quiero destacar mi satisfacción porque un gran actor como Juan Luis Galiardo se haya convertido en alma mater y protagonista de mi obra. A él, y al prestigioso director José Luis García Sánchez, al escenógrafo Carlos Evangelista y al resto del equipo, mi agradecimiento por su entusiasmo y entrega. Y a nuestro querido Úrculo, un emocionado recuerdo. José Luis Alonso de Santos. AutoresRepresentaciones
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