TRATADO DE BLANCAS

Obra

TRATADO DE BLANCAS

El origen de Tratado de blancas tiene que ver con la necesidad de crear un espacio para reflexionar en relación con el tema de la inmigración, la transculturización y la pérdida de la memoria.

Parto de la idea de que las políticas culturales de integración de los inmigrantes a gran escala que se han realizado en Europa, generan procesos de despersonalización y no procuran preservar los rasgos diferenciales, más bien, lo que intentan es transformarlos y difuminarlos bajo el entramado de la cultura dominante. Obviamente esta observación sería incompleta si no se consideran las posibles resistencias, a veces tanto o más xenófobas, de algunos inmigrantes, los cuales, con tal de preservar y defender su identidad, rechazan la del nuevo espacio que habitan. Toda política de integración es recibida como hostilidad por estos colectivos extranjeros, y en consecuencia sólo se responde con más distancia y violencia. De esta manera se crean sociedades, cuyas culturas se niegan sistemáticamente. Sociedades fragmentadas y de difícil convivencia donde respuestas como el fascismo no son nada extrañas.

Empapado de todas estas posturas, nace mi personaje, mezcla de fascismo y enfermedad, propietario de un discurso destructivo y excluyente, arraigado erróneamente al instinto de supervivencia.

Intento pensar qué pasaría si una persona hiciese el esfuerzo de eliminar los contenidos de su memoria, sustituyéndolos artificialmente por unos nuevos y de esta manera ahorrarse la lucha con su propia diferencia. Hablo de un personaje escindido que invariablemente sería víctima de sus monstruos. Aunque al final, su imperfección y humanidad, dejarían paso a las emociones y sentimientos más genuinos.

Todas estas ideas significaban un trabajo dramatúrgico muy riguroso, ya que tenía que encontrar el punto justo entre el discurso teórico y la acción teatral de un personaje, de tal manera que pudiese fluir con cierta naturalidad, y sobretodo, con sentido del humor.

Trabajar al lado de la directora Magda Puyo y la actriz Teresa Urroz fue una especial y enriquecedora coincidencia, de aquellas que generan complicidad y que creo, aportan cada una desde su trabajo, los materiales oportunos para poder hacer realidad el proyecto de estrenar Tratado de blancas en una sala teatral.

La ocasión de presenciar el trabajo de lectura dramatizada que se llevó a cabo dentro del ciclo Paraula d’autor, organizado por el Sitges Festival Internacional de Teatro y la Sociedad General de Autores y Directores de España, el pasado mes de junio de 2000, dan fe de las posibilidades escénicas del texto, del trabajo actoral y de las precisas aportaciones dramatúrgicas de la directora. Contrariamente a la búsqueda que una lectura, y mucho más la de un monólogo, podría ser dificilmente asimilable, Tratado de blancas generó muy buena impresión y pude observar que se creaba la necesaria identificiación entre el texto, la actriz y el público, proceso que tanto busco en mis trabajos y que se acerca a la idea que tengo del teatro, sin tener que ser complaciente y superficial.

Autores

Representaciones

  • XI Muestra 19/11/2003 I.E.S. «JORGE JUAN»
    Compañía: SALA BECKETT
    Duración: 105 minutos

    Director: MAGDA PUYO

    Actores:

    TERESA URROZ

    Ficha Técnica:

    Espacio escénico:  Ramon Simó
    Espacio sonoro:  Laura Teruel
    Ayudante de dirección y regiduría:  Karel Mena
    Fotografía:  Ferran Mateo
    Diseño gráfico: Enric Jardí
    Producción:   Sala Beckett

    Resumen:

    Una mujer de mediana edad nos cuenta sus miedos, sus manías, sus razonamientos... pero al final aflorará su verdadera personalidad.