![]() Obra EL GORDO Y EL FLACOLa risa y el cuerpo
El humor, elemento que tenía escasa relevancia en mis primeros trabajos, ha ido ganando peso en los más recientes, hasta convertirse en fundamental en el penúltimo, Cartas de amor a Stalin. Parece natural que la obra que sigue a Las cartas tenga en su centro el factor humorístico. No sé si el El gordo y el flaco puede ser caracterizada como una comedia. En todo caso, pretende, sin complejos, hacer reir. Así como pretende explorar lenguajes en lo que hasta hace poco mi escritura no se había aventurado –y de nuevo Cartas de amor a Stalin constituya una excepción-. Me refiero al ámbito de lo no verbal; al espacio del gesto, a la fisicidad del actor. Sin renunciar, claro está, a la palabra, pero poniendo a ésta en permanente tensión con el cuerpo que la dice. El gordo y el flaco debe mucho a la convencionalidad radical de los payasos, a la artificiosidad del cine mudo y a los descubrimientos del llamado teatro gestual. Esos lenguajes del cuerpo no pueden ser impuestos desde el texto. Más bien corresponderá al texto la tarea de abrir espacios que esos lenguajes puedan ocupar. De ahí que un proyecto como éste exija más que otros el diálogo entre el autor del texto y sus intérpretes. El gordo y el flaco me está dando la oportunidad de trabajar con uno de los directores con que mejor me entiendo, Luis Blat, de cuyas críticas y sugerencias no ha dejado de beneficiarse mi escritura. Estoy deseando ver subir a escena a El gordo y el flaco. Una extraña pareja que entra en crisis. Y que entonces, en su crisis, se parece a cualquier otra pareja del mundo. AutoresRepresentaciones
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