![]() Obra EL URINARIO DEL CINE RIALTO Siempre he pensado que los urinarios de un cine son los lugares donde el trasfondo de los hechos no coincide con la apariencia. Eso sucede también con los quirófanos y las suites de los hoteles baratos. Cada vez que entro en uno de ellos (no sucede así en el teatro, donde no sé por qué motivo nunca hay nadie) me da la sensación de que me estaban esperando, o de que va a suceder algo interesante, gracioso o ridículo, como el trato entre el hombre que pone las manos debajo del secador y aquel otro que carraspea al fondo, o la entrada de una rubia con pocos pudores y unas bragas rojas. En esos momentos me lavo las manos más de la cuenta, me miro en el espejo más de la cuenta y espero. Pero nada. Así que un día, después de la última sesión de no recuerdo qué película, tome la decisión de escribir una historia, una posible, una donde hubiera algo interesante, gracioso o ridículo. Ahora me acomodo en la butaca, estiro las piernas y coloco la nuca a la altura adecuada, tranquilamente, sin pensar que me estoy perdiendo algo detrás del dibujo de la chistera y el monóculo. Me siento mejor, como si me hubiera quitado un peso de encima.
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