![]() Obra EL DERRIBOPremio Hermanos Machado, 1997 ALGUNAS CONSIDERACIONES OBVIAS
“EL DERRIBO” es un texto escrito para el teatro. Será por tanto en el teatro, sobre el escenario donde, convertido en espectáculo, habrá de adquirir su poco o mucho sentido, su significación. Siendo esto así, y nadie le dé más vueltas porque esto es así, serán los encargados de poner en pie ese espectáculo, los últimos y más directamente responsables de que “EL DERRIBO” muestre su poco o mucho sentido, su razón de ser. Poniéndonos en el supuesto, poco probable, de que “EL DERRIBO”, sea un texto lleno de enjundia ¿de qué le valdría al autor si su director de escena es un maníaco de los que abundan, sólo preocupado por demostrar, en complicidad con el escenógrafo y el iluminador, que él es el auténtico autor de la obra y que bastante suerte ha tenido éste con que ese texto anodino haya caído en las milagrosas manos del mago de moda, del auténtico inventor de “la mise en scène”? ¡Oh, qué desgracia!. Por el contrario, si el director, en generosa complicidad con el autor, trata de mostrar de manera limpia y creativa los posibles valores de la obra: dramáticos, visuales, ideológicos, literarios –si, literarios también -, entonces el autor podrá descansar tranquilo en la seguridad de que su obra no será maltratada, confundida, minimizada, ni convertida en mero pretexto al servicio de megalómanos de opereta bufa. Los intérpretes -¿qué decir de los intérpretes? -. En ellos reside la clave última de que el texto llegue en toda su verdad a los ojos y oídos, a la razón y sensibilidad de unos espectadores que segundos antes de levantarse el telón, permanecen ignorantes y ajenos a lo que “EL DERRIBO” quiere transmitirles. ¡Qué ardua y magnífica responsabilidad la vuestra queridos cómicos!. Una pequeña advertencia a todos, incluido el público: la razón última de que “EL DERRIBO” esté escrita utilizando claves tan diáfanas, argumentos tan demostrables y obvios, referencias tan indiscutibles, tiene como único objetivo evitar que algún idiota se acerque al autor para preguntarle qué significa su obra. Confío en que el acierto de los intérpretes, más un ápice de memoria histórica en el público, acompañada si puede ser de un pellizco de imaginación, una brizna de amor -¡ay! – por el teatro y un “pelín” de esperanza en el futuro, completen el sentido que pudo tener el que un día este autor decidiera escribir “El derribo”. Mi agradecimiento anticipado a todos los cómplices y detractores que esta obra pueda atesorar. El Autor Autores
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