LAZARILLO DE TORMES

Obra

LAZARILLO DE TORMES

Lazarillo sube al escenario

 Que Lazarillo de Tormes es una de las cuatro o cinco obras mayores de la Literatura española no es necesario repetirlo; si puede ser conveniente advertir que de todas ellas, me refiero a las de los siglos de oro, es la de más fácil lectura; por consiguiente, la menos deteriorada por el paso del tiempo. De ahí que la tarea, obligada para un adaptador, de actualizar algo el lenguaje, precisamente para que no pierda fluidez y ritmo al ser escuchado, para que conserve su claridad y su transparencia, no haya sido muy ardua, y menos aún para un pícaro como yo, cuya amistad con el pregonero salmantino data de los catorce años, cuando le encontró por primera vez en económica edición de papel prensa.

 Ahora el pregonero abandona por poco tiempo plazas y calles de Toledo y se encarama al escenario para emular a tantos parientes suyos, los cómicos. Me he limitado a echarle una mano, pues él nació dotado para fingir y más le enseñó la vida. Con mi escasa ayuda y la muy abundante, eficacísima, inspirada y profesional del cómico Rafael Alvarez, llamado “el Brujo”, y gobernado por la invisible batuta del director, seguro que sale bien librado de esta singular peripecia.

 Al modesto adaptador le han sido de especial ayuda los comentarios de José Antonio Maravall, de Fernando Lázaro Carreter y de otros sabios, y, especialmente, lo que ha podido hurtar a Francisco Rico, que le hizo fijar su atención en que lo que narra Lázaro en un “caso”, y que lo narra por medio del género epistolar, moda entonces recién importada de la admirada Italia. El adaptador se ha limitado a convertir la carta en declaración –más o menos pública-, y ha resultado un monólogo. Pero no un soliloquio. Aquí el personaje no medita en soledad, no se autoanaliza ni abre su corazón aprovechando que nadie le ve ni le escucha; al contrario, declara, se confiesa –dice que se declara y se confiesa- a unos cuantos señores a los que el espectador del teatro no ve, pero que están ahí, también como espectadores, y escuchan toda esta retahila, esta sarta de verdades, que no sabrán nunca si lo son.

Fernando Fernán Gómez

Autores

Representaciones

  • VI Muestra 16/11/1998 TEATRO PRINCIPAL
    Compañía: PRODUCCIONES EL BRUJO

    Director: JUAN VIADAS / RAFAEL ALVAREZ

    Actores:

    RAFAEL ALVAREZ “EL BRUJO”

    Ficha Técnica:

    CUADRO ARTÍSTICO-TÉCNICO
    Composición Musical JAVIER ALEJANO
    Diseño Iluminación GERARDO MALLA
    Vestuario LOLA LA MODA
    Caracterización JOSE ANTONIO SANCHEZ
    Diseño Gráfico RAFAEL GONZALEZ
    Estudio de Grabación TRACK, S.A.
    Fotografías CHICHO
    Ayte. de Dirección ESTER ESPARZA
    Técnico de Iluminación ANGEL PALOMINO
    Regidora CLARA PEREZ
    Supervisión escénica ALONSO DE SANTOS, GERARDO MALLA

    EQUIPO DE GESTIÓN
    Directora Gerente Mª JOSE NORTE
    Distrivución ANA CALVO
    Secretaría ANA CALVO
    Administración Mª JOSE NORTE
    Gestoría CARLOS VERNEUIL

    Con la Colaboración INSTITUTO NACIONAL DE LAS ARTES ESCÉNICAS Y DE LA MÚSICA - MINISTERIO DE CULTURA

    Resumen:

    El famoso pícaro salmantino, Lázaro de Tormes, ya anciano, recuerda su infancia y relata, declara y confiesa al espectador sus andanzas y amargas tribulaciones al servicio de varios amos. Todo ello en un formidable ejercicio interpretativo, dándoles cuerpo y voz, y trasladando al público al Toledo Imperial del siglo XVI.