![]() Obra LOS MISTERIOS DE LA ÓPERALA ESCRITURA INQUIETANTE
Me gusta mucho que me comparen con Kafka y sólo que recuerde vagamente a Kafka ya me llena de orgullo. La verdad es que en mi primera etapa sí era un escritor muy influenciado por Kafka, pero yo creo que me parecía a Kakfa antes de haberlo leído. Seguramente me parezco a Kafka a través de Freud, porque tanto el uno como el otro incidimos mucho en lo que llaman la concepción tripartita del confín anímico (el yo, el ello, y el super yo). Normalmente lo que aflora al exterior es el yo y el super yo, que está de vigilante, no tiene ningún inconveniente en abrir la puerta al yo; pero algunas veces deseamos cosas perversas, que se nos ocurren en aquel momento, y el super yo dice: “Tú, adentro, no puedes salir”; y entonces nos reprimimos. Mis personajes son los personajes del ello, de lo atávico, de lo irracional, de lo instintivo, de lo antisocial, de lo que deseamos hacer y no nos atrevemos a hacer. Me sirvo algunas veces del humor, pero no lo busco; brota, sale espontáneamente, porque mis personajes, como decía, son personajes del ello y dicen, no lo que deben decirme sino lo que sienten en aquel momento, y muchas veces escapan a lo normal. Entonces se provoca el humor, cuando esperas una cosa y sale otra completamente distinta. Pero me sirvo de este humor que no busco de forma preconcebida, premeditada, para provocar en el lector la sonrisa que inmediatamente se transforma en una expresión reflexiva, seria. Lo veo incluso en el teatro: la gente puede sonreír, incluso llegar a la risa, pero ésta inmediatamente se transforma en una mueca reflexiva. Procuro que mi literatura sea accesible, clara, luminosa. Opino que la dificultad, el problema, debe estar en descifrar el fondo. Procuro utilizar palabras simples, llanas, si se quiere con una luz interior; y procuro que la acción y el diseño de los personajes queden muy claros. Desde el principio. Dibujo un paisaje literario con la mayor claridad posibles y sitúo allí a los personajes, y hasta cierto punto son ellos los que se hacen a sí mismos, los que se mueven, avanzan, eligen sus caminos. Expongo el tema con simplicidad, pero tal vez la dificultad estribe en desentrañar la psique de los personajes, en ahondar en su soledad, en sus razones. Quiero que mis novelas sean como los caramelos con un envoltorio transparente, pero con un sabor inquietante. Creo que la labor del novelista es decir dónde nos aprieta el zapato y por eso las mías son siempre novelas abiertas en las que al final, de hecho, la última palabra la pone el lector. Siempre muestro cómo el protagonista, al que he llevado hasta ese punto, se le abren varios caminos. Son novelas, como se dice ahora, interactivas. Pero en todas mis novelas el cordón umbilical es la soledad y la incomunicación, que no deja de ser un contrasentido en estos tiempos en los que vivimos, que son las apoteosis de la tecnología de la información, y en los que la gente se comunica a través de los teléfonos móviles, por Internet, etc... Pero el problema de nuestro tiempo es la incomunicación y la soledad, y esto es lo que creo que queda muy claro en todos mis libros. Javier Tomeo AutoresRepresentaciones
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