![]() Obra PAPEL DE LIJA Bien. Escribamos una Pieza de Teatro Convencional. Tomemos un texto de Arniches y hablemos de amor. La Señorita de Trevélez”, por ejemplo.
“La sala de un Casino de provincia”, escribe el autor, “al fondo, dos balcones grandes, amplios: por cada uno de ellos se verá, toda entera, la ventana correspondiente de la casa vecina" la mansión de los Trevélez. Invirtamos el decorado. Coloquémonos en la parte de atrás. Ahora en el escenario, tenemos la casa de los Trevélez. Pero hablemos de amor. De amor y, tal vez, de venganza. ¿Ama u odia Floríta al Señor Galán? Recordémoslo: Hace algún tiempo el señorito Galán, junto a Pablo y Tito, sus dos compinches, gastaron una broma de muy mal gusto a la solterona: le hicieron creer que Galán estaba enamorado de ella. Una carta de ... ¿amor? dirigida por Galán a Soledad, la doncella de los Trevélez, fue desviada de su objetivo y enviada a Doña Flor. Y, exultante, el ama, fea hasta la extenuación, aceptó los requerimientos amorosos que correspondían a la criada y se enamoró perdidamente del lechuguino; o, quizá simplemente, creyó enamorarse. Cuando la estratagema se descubrió, tras algunas escaramuzas más o menos lacerantes entre Gonzalo, el hermano de la Señorita de Trevélez, y los "bromistas se echó tierra sobre el asunto. Por el placer de una grosera carcajada no han vacilado en amargar con el ridículo el fracaso de una vida. Ver llorar a un ser que tanto quieres con unas lágrimas que ha hecho derramar usted sólo para reírse , dijo Gonzalo al abochornado bromista. No quiero más venganza sino que Dios, como castigo, llene de este dolor mío el alma de todos los burladores". Y se corrió el telón. Y, fiel a ese lema el autor, de Florita, de sus deseos insatisfechos, de sus crudas realidades, nunca más se supo. De todo eso hace ya algún tiempo. Ahora olvidemos a Arniches y a sus personajes. recordemos, si queremos, el episodio. Guardemos, silo necesitamos, la desazón, el mal sabor de boca, con que al final de aquella representación dejábamos el local o la lectura. Abandonamos el salón de los hombres. Estamos del lado de la mujer. Somos otro autor. Otra época. Seres humanos, todavía. Tergi/ versemos AutoresRepresentaciones
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